Llegan las navidades, esa tradición cristiana, y previamente pagana, que hoy en día se podría considerar una franquicia más de pechos desgastados por las hambrientas bocas succionadoras de las multinacionales. En esta época se vende la paz, la misericordia y el amor convenientemente procesados en paquetes, más ó menos cuadrados, envueltos en deslumbrante celofán. Los más religiosos asocian esta época al nacimiento del único ser inmortal que ha pisado el planeta tierra, que como todos sabréis era capaz de resucitar después de muerto. Pues bien, viendo a las multitudes en las calles buscando todos esos sentimientos empaquetados, con movimientos casi espasmódicos por el frió invernal y el peso de sus abrigos; no puedo dejar de pensar en los no-muertos, los zombies. En estas fechas, más que nunca, la crítica social de “La Noche de los Muertos Vivientes” se hace patente.
No creo que la edición del libro, que hoy os comento, tenga como intención recalcar la crítica contenida en los elementos sociales y consumistas del zombi. Más bien diría que todo lo contrario. Hay que estar muy ciego para no ver que los muertos vivientes se están convirtiendo en un negocio rentable, en una nueva moda predispuesta al consumo popular, y llevamos unos años así. La parte visible de esta moda está en los cines y videoclubes. Al año se producen cientos de cortos y películas donde la temática de la resurrección de los muertos (disfrazada como una infección vírica ó no) es la protagonista.
De un tiempo a esta parte, el sabroso negocio de los devoracerebros ha tomado fuerte presencia en las letras impresas: Comics y novelas. Campos donde, como en el séptimo arte, podemos encontrar obras maestras (“Los Muertos Vivientes” comic-books de Kirkman ó la genial y divertida Zoombi), obras banales (casi todo lo escrito por Steve Niles) u obras de consumo rápido.

Zombies, de la editorial Minotauro (noviembre 2009), es una obra de este último tipo. Seiscientas cincuenta páginas que se asemejan a un festín de comida rápida. Esta buena pieza de la que os hablo es un compendió de treinta y una historias cortas exclusivamente centradas en cadáveres andantes. La analogía de la comida rápida me ha parecido adecuada, sobre todo teniendo en cuenta que todas las historias que componen este libro (editado el año pasado en Estados Unidos como “The Living Dead”) son de autores anglosajones, y salvo uno pocos, todos ellos norteamericanos.
Eso sí, contamos con lo más granado de la lengua inglesa fantástica moderna: Stephen King, Neil Gaiman, Poppy Z. Brite, Harlan Ellison, Dan Simmons, etc. Aunque ya sabemos cual es el defecto de la literatura norteamericana de fácil consumo en los últimos años: es como esas hamburguesas de las que hablaba, sabrosas, baratas, directas pero que te cansan en seguida y te sientan, a veces, como un tiro. Es el precio de la comercialidad.
También en la contraportada se nos advierte de que los relatos contenidos son lo mejor de las tres décadas pasadas. No estoy en absoluto de acuerdo, más del ochenta por ciento de los cuentos son del año 2000 en adelante. Lejos de ser un detalle negativo, para mi es algo positivo. El libro solo contiene un relato original, pero al ser los autores tan recientes; ninguna historia había sido editada de manera profesional en nuestro país (A excepción del relato de Stephen King, obviamente). Con lo cual, tenemos más de seiscientas páginas de cuentos sobre muertos vivientes donde encontraremos un panorama variado dentro de las limitaciones del genero. Leeremos cosas malas, buenas, intrascendentes, sorprendentes e incluso reflexiones morales de dudoso gusto, puesto que vienen de un país donde la mayor parte de su población sufre de necrosis emocional aguda.
En resumen, cuentos que nos hablan de los típicos supervivientes del holocausto Z, de los oscuros sentimientos de los no-muertos, de venganzas de ultratumba, del sexo y la muerte. Moralejas baratas, vudú, splatter hasta ahogarnos, reflexión humana, rebelión femenina, antropofagia extrema y todo lo que la cultura popular americana pueda decir sobre personas que vuelven a la vida por una razón ú otra. ¡Ni siquiera las recientes guerras en oriente próximo se libran!
A mí, en particular, me parece una buena adquisición. Resulta cansado leer muchos relatos de golpe por ese estilo tan moderno, y más propio de un capítulo de perdidos que de una buena historia de terror, predominante en todas las historias. Pero de vez en cuando, leer una historia y dejarse llevar, resulta muy satisfactorio. Y dado el volumen del libro, nos dará para muchos meses de muertos vivientes. Su relación cantidad/precio/calidad renta a favor del comprador sin ninguna duda; aunque la calidad del papel y la tapa blanda con solapas sea más propia de editoriales de menos recursos.
Y como muestra de la diversidad de conceptos zombi, uno de los relatos que más me sedujo: “Bobby Conroy regresa de entre los muertos”. Un encuentro melancólico entre dos viejos amantes, en el set de rodaje de “Dawn of The Dead” (George Romero, 1977). En el cual el Sr. Romero y el mismísimo Tom Savini tienen sus momentos estelares (y muy divertidos).
Añadir que cada relato viene con una breve nota sobre su autor, dado que la gran mayoría son escritores desconocidos por estas tierras, es un detalle simpático que me retrotrae a mis amadas antologías de Martínez Roca.
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